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Opinión

La ley en oferta

Un bloqueo carretero en Nuevo Israel pone al descubierto una vieja deuda de tierras, la tolerancia oficial y una preocupante señal: la ley está en oferta.

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Un bloqueo carretero en Nuevo Israel exhibe el abandono institucional y el precio de la omisión.

En algunos caminos del sur de Quintana Roo, la ley parece aplicarse según la presión social y no la legalidad.

Por alguna razón, ciertas carreteras de Quintana Roo han dejado de ser públicas y gratuitas. No por decreto, ni por privatización disfrazada, sino por abandono de la Federación. En el tramo que está cerca de la comunidad de Nuevo Israel, un ciudadano —de esos que no suelen aparecer en los partes oficiales— me cuenta que ahora hay que pagar cien pesos para continuar el viaje. No es un peaje institucional. Es un “pase” impuesto por ejidatarios que exigen el pago de una deuda de tierra que el gobierno ha reconocido, pero no ha liquidado.

El problema no es nuevo; hace décadas que las autoridades federales utilizaron terrenos ejidales para infraestructura con promesas falsas de pago. Hoy, medio siglo después, los descendientes de aquellos campesinos han optado por cerrar la vía. La protesta es legítima, la causa es justa… hasta que se convierte en un negocio. Lo que comenzó como exigencia, hoy raya en el cobro por derecho de paso, tolerado por las patrullas que vigilan el acto pero no lo disuelven.

Un vehículo de la policía está estacionado a unos metros del bloqueo. La patrulla no actúa. No impide. No interviene. Solo observa. La presencia de la autoridad ya no es garantía de legalidad, sino de costumbre. A quien llama al 911 le responden, con olímpica indiferencia, que “son cosas que pasan”. Y así nos vamos acostumbrando a que la justicia se administre según la geografía, el enojo o la presión.

Se ha dicho que no hay forma civilizada de exigir derechos cuando estos han sido negados por años. Tal vez. Pero hay una diferencia entre cerrar la vía para ser escuchados y cobrar por abrirla. Lo primero puede ser desesperación, lo segundo se parece demasiado a la extorsión. Lo grave no es que suceda, sino que ocurra a la vista de todos, con la anuencia de quienes deberían impedirlo.

En Nuevo Israel no solo se está cobrando un adeudo histórico. Se está exhibiendo, con dolorosa claridad, la falla de una federación que no paga a tiempo, no responde a sus ciudadanos, y mucho menos detiene abusos cuando estos nacen al amparo de la omisión oficial.

Cobrarse por su propia mano no es justicia, aunque la deuda sea real. Y permitir que ese cobro ocurra sin consecuencias es una señal de que la ley se ha puesto en oferta. Lo preocupante no es que el gobierno llegue tarde, sino que llegue y no haga nada.

Opinión

Columna “Desde La Calle”: La justicia que sonríe

En Quintana Roo, la Fiscalía presume avances con gráficas y plataformas digitales, pero la ciudadanía sigue enfrentando impunidad y desatención en los pasillos de justicia.

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Por Comunicadores Urbanos | Quintana Roo, 22 de octubre de 2025

En Quintana Roo la justicia suele vestirse de gala una vez al año, cuando el fiscal acude al Congreso a rendir cuentas. Ahí se repite el ritual, gráficas en colores vivos, porcentajes que parecen sacados de un paraíso estadístico y discursos que prometen modernidad. Afuera, en la calle, el ciudadano que acaba de denunciar un robo escucha la transmisión en la radio y no entiende de qué país le hablan.

El fiscal Raciel López asegura que los homicidios dolosos bajaron 57%. ¿Qué significa ese número para la mujer que espera en el Centro de Justicia desde las ocho de la mañana y regresa a casa con la misma carpeta bajo el brazo? Nada. Para ella la justicia no se mide en porcentajes, sino en la ausencia de respuestas.

Nos venden la idea de una Fiscalía “más humana”, pero humanismo no es proyectar videos, sino acompañar a las víctimas. En cambio, se ha vuelto costumbre la revictimización, el papeleo eterno y la indolencia como norma. La justicia, en esta tierra, funciona como esos ventiladores viejos: hacen ruido, pero no refrescan.

Lo más celebrado de la comparecencia fue la “plataforma digital de denuncias”. Mil reportes recibidos, presumió el fiscal. Nadie se tomó la molestia de explicar cuántos llegaron a convertirse en investigaciones serias. Es como presumir el buzón lleno en Navidad: muchas cartas, pocos regalos.

Mientras tanto, las fiscalías en Quintana Roo siguen desbordadas, los ministerios públicos exhaustos y la consigna política pesa más que la evidencia. La llamada “depuración” de mil elementos se presume como si fuera una limpieza quirúrgica, pero en realidad parece más un reacomodo de piezas en el mismo tablero.

La justicia en Quintana Roo ha perfeccionado el arte de la simulación. Se inauguran edificios, se digitalizan trámites, se multiplican conferencias de prensa. Pero lo esencial no cambia: la impunidad como regla, el archivo muerto como destino y la corrupción como lubricante del engranaje.

En México el poder suele confundir apariencia con sustancia. Aquí tenemos un ejemplo de manual, una Fiscalía que sonríe mientras la justicia se desangra en los pasillos.

Disculpen mi franqueza, pero creo que alguien se los tenía que decir.

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Opinión

Desde la Calle: La soga y el voto

Columna Desde La Calle: En “La soga y el voto”, una reflexión sobre la elección judicial de 2025 en México, el escepticismo ciudadano y la desconexión entre las instituciones y la vida cotidiana.

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Columna de opinión

“Es como ponernos la soga al cuello”, soltó doña Bety mientras removía los frijoles con la naturalidad de quien ya lo ha visto todo. Su sobrino, recién llegado de visita, apenas alcanzó a tomar asiento cuando lo soltó sin anestesia; “Nos dan cartulinas de colores pa’ rayar con números… y todo para escoger al que ni nos mira. Nada cambia, mijito. Nomás nos marean bonito”.

La elección del 1 de junio tenía pretensiones históricas; por primera vez, los ciudadanos elegirían directamente a jueces y magistrados. Se dijo que era un paso hacia una justicia más cercana, más humana, más del pueblo. Pero en la práctica, en el México de a pie, lo que se vivió fue otra historia. Las boletas eran tantas que parecía que uno votaba por los colores de un bingo, no por cargos clave del Poder Judicial. ¿Y los candidatos? Anónimos para la mayoría.

La participación fue baja. Bajísima. Y no porque a la gente no le interese la justicia, sino porque la justicia rara vez se ha interesado por la gente. Don Pedro, mientras “escroleaba” su celular desde su tienda, lo resumió mejor que cualquier analista; “Con lo que gastaron en esta faramalla ya hubieran invertido en los hospitales. A doña Jovita le detectaron cáncer… y la consulta se la dan en cuatro meses y que no hay medicinas. ¿Eso es justicia?”

Hay algo profundamente cruel en pedirle a la ciudadanía que confíe en instituciones que han vivido de espaldas a su dolor. No basta con cambiar el método de designación si no se transforma la lógica del poder. La promesa de una justicia elegida por el pueblo puede sonar noble, pero si los perfiles no son conocidos, si el proceso es opaco, si no se sienten representados… el resultado es el mismo: desconfianza.

¿Y el argumento de fondo? Que ahora el pueblo “tiene el poder”. Pero, ¿de qué sirve el poder si no se sabe cómo ejercerlo ni para qué? ¿De qué sirve elegir si las opciones vienen cerradas, empaquetadas y sin rostro? ¿Cómo confiar en la imparcialidad si el proceso fue diseñado por los mismos poderes que antes colocaban a los jueces a puerta cerrada?

Doña Bety no leyó ningún artículo académico. No le hace falta. Su escepticismo es político, cotidiano, construido desde la experiencia. Y en su frase caben todas las preguntas que los boletines no quieren responder. ¿Elegimos justicia o solo la envoltura de una nueva simulación?

La elección judicial de 2025 será recordada como un experimento. Uno que, de no corregirse a tiempo, podría dejar una lección amarga; que las reformas sin pedagogía, sin legitimidad y sin conexión con la realidad social, son como esas promesas que ya no emocionan. Palabras vacías, como la papeleta que algunos doblaron sin entender, otros tiraron, y muchos más, simplemente ignoraron.

Mientras tanto, en las cocinas del país, como la de doña Bety, sigue hirviendo la olla… y la desconfianza. Porque entre el voto y la soga, muchos siguen sin ver la diferencia.

#TaxiVigia #ComunicadoresUrbanos #QuintanaRoo

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